La cuarta llave

lunes, 19 de octubre de 2015

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Se llamaban a sí mismos civilizados y podías creerlo mientras te cogían de la mano y te paseaban por su escaparate cosmopolita de bienvestidos y afortunados, pero si tenías la osadía de soltarte de la mano y caminar sola, encontrabas a gente humilde que perdía los dientes por no tener dinero para el dentista ni para vitamínicamente alimentarse bien. Pero aquel mundo civilizado, sin coste alguno, facilitaba a los pobres la extracción de las piezas dentales irrecuperables. Para las papillas, debían buscarse la vida.

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