La cuarta llave

miércoles, 2 de marzo de 2016

Pero Glimaida. O dragón negro



Glimaida era feroz, pero también tenía su corazoncito. Arrasaba campos y aldeas pero después, enternecida por las lágrimas de las almas que quedaban en pie, pedía perdón. Pero las almas, compungidas aun por el horror, no creían a Glimaida y con desprecio le rogaban que se marchara lejos, tan lejos que nunca más volvieran a saber de Ella. Glimaida entonces enfurecida se marchaba. Pero cuando las desgraciadas almas menos lo esperaban, Glimaida resentida, regresaba para arrasar los recompuestos campos y aldeas. Pero Glimaida, aunque feroz, también tenía su corazoncito y de nuevo, enternecida por las lágrimas de las almas que quedaban en pie, pedía perdón. Pero las almas, compungidas aun por el horror, no creían a Glimaida y con desprecio le rogaban que se marchara lejos, tan lejos que nunca más volvieran a saber de Ella. Pero Glimaida, el dragón negro, siempre regresaba para arrasar los campos y aldeas, y para pedir perdón. Y así fue hasta que un día, a Glimaida de tanto amor el corazón le explotó, porque Glimaida aunque feroz, también tenía su corazoncito.

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